CDMX. El regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos en 2025 ha reconfigurado la relación bilateral con México, marcada nuevamente por la tensión y los desafíos comerciales, migratorios y de seguridad.

En su primer día en la Casa Blanca, el republicano reactivó su retórica de confrontación: declaró la emergencia nacional en la frontera, clasificó a los cárteles mexicanos como grupos terroristas y anunció nuevos aranceles, una serie de medidas que puso a prueba la estrategia diplomática del nuevo gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. “Esto no le va a gustar a México, pero ellos nos necesitan más que nosotros a ellos”, lanzó Trump, en una declaración que retomó su tono provocador habitual.

La mandataria mexicana optó por responder con mesura. En su conferencia del 21 de enero, Sheinbaum llamó a la calma, minimizó el impacto de las medidas y consolidó un lema que ha definido su estilo de gobierno: “Es importante tener la cabeza fría”.

Según el análisis publicado por El País, esta política de cautela estratégica ha permeado en todas las áreas de su administración, desde la política exterior hasta el manejo de los escándalos internos, consolidando una imagen de firmeza con prudencia que ha sido reconocida incluso por sectores opositores y empresariales.

En el terreno económico, los embates comerciales de Trump han causado estragos globales, pero México ha logrado amortiguar el impacto gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), que protege la mayoría de sus exportaciones. Solo una fracción de los productos queda sujeta al nuevo arancel del 25%, mientras que el acero y el aluminio enfrentan 50%. La renovación del TMEC en 2026 se perfila como una prioridad clave para el gobierno mexicano, que ya ha dado señales de voluntad diplomática con la reciente visita de Sheinbaum a Washington para reunirse cara a cara con Trump.

En el ámbito interno, el Gobierno federal ha sorteado con dificultad una economía debilitada que apenas logró evitar la recesión al cierre de 2025. En respuesta, Sheinbaum presentó de forma anticipada su primer presupuesto, con énfasis en salud, educación y subsidios sociales, junto con un drástico recorte al déficit heredado. Este giro fiscal, calificado como audaz, buscó dar certidumbre a los mercados en medio de una caída en el consumo, la inversión y las remesas, estas últimas afectadas por las políticas antiinmigrantes del gobierno estadounidense.

Uno de los frentes más delicados ha sido el de la seguridad. La declaración de los cárteles como organizaciones terroristas y la calificación del fentanilo como “arma de destrucción masiva” por parte de Estados Unidos han generado un clima de alarma sobre una posible intervención militar en territorio mexicano. Como respuesta, México ha intensificado operativos contra el narcotráfico, aumentando las detenciones y extradiciones de líderes criminales. En cifras, se han reportado casi 40,000 arrestos y una reducción del 37% en homicidios, aunque continúan episodios violentos como el hallazgo de restos humanos en Jalisco o el asesinato del alcalde de Uruapan.

La salida del fiscal general Alejandro Gertz Manero marcó un punto de inflexión en la política de justicia del país. Tras años de críticas, Sheinbaum operó su relevo mediante una renuncia pactada, y nombró en su lugar a Ernestina Godoy, figura cercana y aliada política. El cambio también permitió mayor influencia del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, en la reestructuración de la Fiscalía, fortaleciendo su rol como pieza clave del gabinete y principal interlocutor con Estados Unidos. Sin embargo, su creciente poder ha generado fricciones con el Ejército, que ha mantenido bajo su control áreas estratégicas como las aduanas.

Precisamente en el ámbito castrense se han revelado los mayores casos de corrupción. Una red de contrabando de combustible incrustada en la Marina y la revelación de que el jefe de policía de Tabasco operaba como líder local del Cártel Jalisco Nueva Generación, han cimbrado al gobierno. Este último caso salpicó a Adán Augusto López, exgobernador de Tabasco y actual jefe de senadores de Morena, tras detectarse ingresos no declarados.

Frente a estos escándalos, Sheinbaum ha respondido con una combinación de mensajes firmes contra la corrupción y cautela institucional, buscando contener el impacto político mientras avanzan las investigaciones. Su principal capital político, la apuesta por la renovación institucional, ha comenzado a erosionarse bajo el peso de estos desafíos.

A pesar de ello, la presidenta cierra el año con un sólido respaldo ciudadano: 74% de aprobación, aunque esta cifra representa su nivel más bajo desde que asumió el cargo. La presión crece también por las manifestaciones de jóvenes y opositores que han ganado fuerza en la segunda mitad del año. En un entorno cada vez más volátil, la relación con Trump, la seguridad interna y la credibilidad en el combate a la corrupción seguirán marcando el rumbo de un gobierno que, por ahora, mantiene el equilibrio con “cabeza fría”.

Con información de Más Información.