Chihuahua, CHIH. Se cumplen 16 años del asesinato de Ernesto Rábago Martínez, defensor de derechos humanos, asesinado el 1 de marzo de 2010 en su despacho, en la ciudad de Chihuahua.

Este 1° de marzo, como cada año, nos congregamos en la cruz que lleva su nombre, en este espacio de memoria para honrar su vida y para exigir, una vez más, justicia.

Ernesto dedicó su labor a la defensa del territorio y de los derechos de comunidades indígenas. Su compromiso fue firme, ético y valiente. Su asesinato no solo arrebató la vida de un abogado comprometido; fue un ataque directo contra la defensa de los derechos humanos en Chihuahua.

A dieciséis años, el Estado sigue en deuda. Exigimos una investigación seria, exhaustiva, imparcial y efectiva que conduzca a la identificación, detención y sanción de todas las personas responsables.

Las comunidades rarámuri de Bakéachi, Chinéachi, Bakuseachi y Huehuechérare han demostrado que la persistencia es más fuerte que el silencio. La recuperación de su territorio ancestral es prueba de su dignidad y resistencia. Esa misma persistencia sostiene hoy esta exigencia.

No aceptamos que la impunidad se normalice. No aceptamos que el paso del tiempo diluya la obligación de hacer justicia. Hemos visto administraciones entrar y salir sin resultados contundentes. Pero nosotras y nosotros permanecemos. La memoria no se archiva. La justicia no prescribe.

Seguiremos de pie, juntas y juntos, hasta que haya verdad y justicia.

Dieciséis años de ausencia. Dieciséis años de impunidad.

¡Justicia para Ernesto!

Warú matétere’ ba.