Vacío: sin derecho, ni presencia, ni razón

Por: Luis Villegas Montes

El pasado jueves 15 de enero de 2026, el Tribunal Superior de Justicia celebró una sesión extraordinaria que sirvió para exhibir la torpeza, ramplonería y abyección de algunos de sus integrantes y, de paso, poner de relieve la estupidez de algunos disque comunicadores. Me explico:

El debate inició porque la Magistrada Diana Félix increpó a la presidencia del Tribunal por la adopción de un criterio caprichoso e ilegal, en relación con la forma en que se acomodaron los magistrados en dicha sesión. En lo medular, el planteamiento fue simple y claro: a) El artículo 146 de la Ley Orgánica dispone que la persona titular de la Presidencia podrá someter al Pleno del Tribunal Superior la decisión de cualquier asunto de su competencia; b) Existió una imposición ilegal de la Presidencia, otorgándole y reconociéndoles a los magistrados que, eventualmente, pueden ser presidentes del Tribunal, un estatus jurídico del que carecen; c) Se exigió a la presidencia someter a votación su ilegal determinación; y d) Finalmente, la magistrada se posicionó manifestando desde ese momento su voto “en contra de que la integración y acomodo de este Pleno se haga a capricho o contentillo de la Presidencia”. El que no me crea ahí está la liga que no me dejará mentir: https://www.facebook.com/watch/live/?ref=watch_permalink&v=1565258211474911

Es decir, el reclamo sólo en forma indirecta se refiere a las sillas; verlo de otro modo es propio de descerebrados. El quid del asunto tampoco es dónde o cómo acomoden su ilustre nalgatorio los señores magistrados; verlo así no es propio de descerebrados, es de imbéciles esféricos (ésos que lo son por el lado que se les mire). El reclamo de fondo, el auténtico, el que debe destacarse es la determinación ilegal de la presidencia del Tribunal y la pretensión de imponer, sin consenso y a capricho, un atropello. Si el asunto es menor o baladí, poco importa; lo relevante es que un órgano del Estado no puede por ninguna razón, ni en lo grande ni en lo pequeño, inobservar el principio de legalidad, razón de ser del Estado de derecho, que se puede resumir en que todo acto jurídico que emane del Estado se rige por la ley y no por la voluntad de los individuos.

La demostración fehaciente de que no existe previsión jurídica especifica, y que debía someterse a consideración del pleno, es lo que afirmó el secretario general: “efectivamente no existe disposición contenida en los ordenamientos, tanto orgánicos como reglamentarios, que rigen la actuación de este tribunal y las sesiones plenarias que establezca tal situación” (minuto 11:36). Punto.

¿Qué seguía? Muy simple, someter a votación la mentada determinación y tan-tán. El asunto es que no ocurrió así, sólo porque la presidencia amaneció a lo Gabino Barrera, esto es, sin entender razones.

Ni siquiera eso es lo relevante; ahí podía haber quedado el sainete, pero no; en una exhibición brutal de profunda ignorancia de lo que es un debate, es decir, desplazando el asunto a lo baboso, no faltó quien afirmó que los magistrados “eran más que un lugar donde los acomoden” (minuto 13:15) —por el bien del Estado espero que sí, porque cobran un dineral para ser algo menos—; que “eran amigos” (minuto 13:40); que “venían a servir” (minuto 14:00) —con respeto irrestricto a la Constitución y a la Ley, le faltó decir—; y que “cada lugar tiene el nombre y el lugar que le corresponde a cada sala (minuto 15:32) —brillante, simplemente brillante la capacidad oratoria de la interviniente—; es en ese punto donde se desvirtuó el asunto, por lo que la magistrada Félix debió precisar lo que, evidentemente, nadie había entendido: “efectivamente, estamos para respetar la Constitución y la ley” (minuto 14:20).

Como el chiste de la muchachita ésa a la que le preguntó su papá si estaba embarazada y ella respondió: “nomás tantito”; en tratándose del Estado de derecho no es posible distinguir entre lo “grande” o lo “pequeño” para saber qué sí o qué no, se puede violar… o no. Al orden jurídico se le respeta o no; y no se le puede respetar “nomás tantito”. Ése era el asunto. Punto.

¿Cuál fue la reacción de los medios? Las más inmediatas fueron sin duda, las más estúpidas; hubo quien tituló una nota así: “No es chiste, pelean magistrados por sillas”; sin embargo, la que se lleva la palma, es la del animal que escribió: “No es mentira, la señora magistrada se indignó por el acomodo de los magistrados en el Pleno y montó en cólera. ¿Nueva loquita en el Poder Judicial? Es lo que parece”. ¡Zoquete!

A estos “comunicadores” les ocurre como a algunos magistrados: que la posición genuflexa y acuclillada en que los tiene la vida, no les permite ver más allá de plato de croquetas que le pone en frente su amo, para que le ladren y muevan el rabo. Pobres infelices, sin cerebro para entender el derecho y sin dignidad para honrarlo ni protegerlo.