Ciudad de México. A seis años de los terremotos, la dependencia federal no ha aclarado el destino de los apoyos y el caso sigue en “seguimiento”, con el riesgo de haber prescrito la comisión de algún delito.

Eleiva Cabrera aún recuerda el día en que conoció, caminó y conversó con el presidente Enrique Peña Nieto. Había pasado casi un mes desde aquella noche del 7 de septiembre de 2017en que la tierra se movió y destruyó miles de viviendas en Oaxaca. La señora seguía removiendo los escombros a los que se redujo su casa, en Asunción Ixtaltepec, para intentar recuperar algunas de sus pertenencias. Era 2 de octubre de 2017.

“De repente, vi una comitiva que venía de aquí, de la curva. Esa comitiva se paró aquí enfrente. Yo estaba con una pala y él entró”, recuerda la mujer cuya casa y su negocio, una farmacia, en la que trabajó por 35 años, quedó reducida a un montón de piedras.

Era el presidente Peña Nieto. Acompañado de su comitiva, se abrió paso entre los pedazos de casa y se acercó a saludarla con la cortesía fingida que le hacía lucir bien frente a las cámaras.

“‘Yo le quiero hacer una invitación. ¿Me puede acompañar a dar un recorrido que voy a hacer de aquí al palacio que está allá en el centro?’ Yo dije que sí. Como quiera, uno dice ‘bueno, voy a codearme con el presidente’. Me fui con él todo el recorrido. La gente salía y le daba la mano, hasta que llegamos al palacio. Había una tarima, nos subimos él y yo y los que lo acompañaban”, recuerda la mujer.

Allí arriba, flanqueado por la titular de Sedatu, Rosario Robles; el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, y otros funcionarios, enfrente de la multitud y de las cámaras de televisión, Peña Nieto, con la camisa remangada, entregó a doña Eleiva una tarjeta de Bansefi con la que, supuestamente, podría tener un apoyo de 120 mil pesos para reconstruir su vivienda.

“Ahorita ya entiendo que todo es para tomarse la foto, ya estaba previsto todo. Nos bajamos y nos tomaron la foto con él. Y después… nada. Llevé la tarjeta al banco y nada. Fueron miles de veces. No tuvo fondos. ‘No tiene fondos, no hay dinero’, decían”, dice doña Eleiva, enojada.

“Supe que era un fraude, era un robadero. Me dio coraje. ¡Cómo no me va a dar coraje! ¡Ellos están pudriéndose en dinero y mira nada más lo que le dan al pueblo! Se supone que dicen que el dinero es del pueblo, del erario, ¿y en dónde está? ¿En dónde está el dinero?”, alza la voz.

¿En dónde está el dinero?

Tras más de un año de auditorías, el 1 febrero de 2019, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) concluyó que los padrones de damnificados de los sismos de 2017 en ocho entidades federativas fueron un desastre.

Las actas de cierre, en las que se plasmarían las evaluaciones de los daños, estuvieron llenas de incongruencias, y nunca coincidieron con las bases de datos definitivas que se usaron para la dispersión de los recursos por parte de Bansefi.

Un río revuelto que dejó dudas sobre el uso que hizo la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), que encabezaba Rosario Robles, de más de 7 mil millones de pesos que tenían que haber servido para que las personas que quedaron sin casa pudieran reconstruirla.

“La Sedatu, en noviembre de 2017, tenía ‘preliminarmente’ contabilizado un total de 61 mil 630 viviendas dañadas por los sismos, cantidad que no coincide con lo plasmado en la Actas de Cierre, que fue de 80 mil 538… A diciembre de 2017, el dato total de la viviendas dañadas se incrementó en 110 mil 396 viviendas y, en la base de datos que la Sedatu le otorgó a Bansefi, esta última cantidad de viviendas dañadas aumentó en 12 mil 375 viviendas”, describió la ASF en su informe.

“Por lo tanto, se considera que la incongruencia de los totales en la bases de datos que contiene el Censo y Padrón de la Sedatu no da una seguridad razonable para tener la certeza del total de daños con motivo de los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017”, concluyó la Auditoría.

Ante ello, la ASF emitió una solicitud de aclaración por 7 mil 567 millones 358 mil 346.58 pesos.

Este 2023, se cumplen seis años desde que se repartió ese dinero y las dudas que manifestó la ASF se quedaron en eso, en dudas. La solicitud de aclaración nunca se atendió. A la fecha, el estatus es “en seguimiento” y el destino del dinero se desconoce, sin que se hayan presentado denuncias penales ni administrativas. Y es muy probable que el desfalco ya haya prescrito.

Con información de Milenio